martes 3 de noviembre de 2009

Tercer festival de "POESÍA, DE ACÁ"

----Agradecemos la difusión----

http://festivalpoesiadeaca.blogspot.com/



Sábado 21 de noviembre

17 hs. Mesa de lectura

Jorge Chiesa

Augusto Mónaco

Walter Viegas (Buenos Aires)

18 hs. Presentación del libro Fuga,

de Evangelina Aguilera

19 hs. Mesa de lectura

Eliana Belén

Charlie Serra

Valentino Cappelloni

20 hs. TRIPLE PRESENTACIÓN DE NUEVOS TÍTULOS DE DÁRSENA3

La dicha refinada, de Carlos Ríos.

Porfía, de Gastón Malgieri.

Maldita equis, de Fabián Iriarte.

21 hs. Cena Chesterton

Domingo 22 de noviembre

17 hs. Mesa de lectura

Víctor Clementi

Jorge Núñez

Diego Romero

Joaquín Correa

18 hs. Mesa de lectura

Nicolás Pedretti

Diego Paieta

Pablo Salido

19 hs. Mesa de lectura

Emiliano Aldegani

Fernando Baldini

Demian Basualdo

20 hs. Mesa de cierre

Eva Murari (Bahía Blanca)

Marcelo Díaz (Bahía Blanca)

Carlos Battilana (Buenos Aires)

Mario Arteca (Buenos Aires)

Marina Yuszczuk (Bahía Blanca)

María Medrano (Buenos Aires)

Además, todos los días: venta de libros de editoriales independientes (dársena3, vox, gog y magog), revistas literarias, ediciones de autor y show de rayos láser.

domingo 17 de mayo de 2009

Capitalismo y barbarie (reflexiones sobre Roberto Arlt)



Cuando Sarmiento propuso, en el Facundo, su dicotomía “civilización o barbarie” construyó los dos paradigmas entre los que se constituirá el devenir latinoamericano. Por un lado, Europa, el liberalismo capitalista, la modernidad, la palabra escrita, la ciencia y la razón; por el otro, América, el trueque, la naturaleza, la oralidad, la pasión y la confianza.

Sarmiento triunfa en la barbarie. Escribe como un bárbaro americano y escribir es lo que mejor le sale. Sarmiento domina la pasión que nos despierta, nos convence, nos desgarra, nos indigna contra Rosas. Sin embargo, muy otro es el sentimiento que nos inspira su proyecto civilizador de la libre navegación de los ríos y de las pampas libres de bestias. Resulta extraño entender el concepto de Sarmiento para el cual nuestra nación sólo será libre si acepta ser colonia anglo-fracesa. Para Sarmiento el orden natural de América es la barbarie y el exterminio de indígenas y de gauchos al menor precio posible es la civilización, y el modo más barato era, para Sarmiento, enviar a los gauchos a la leva, para que se maten entre ellos y con los indios. Tras la lentitud de este proyecto los otros unitarios, siempre preocupados porque el tesoro nacional quede bajo la falda de Francia o Inglaterra y no a las manos de los bárbaros de América, pensó en traer a Rauch y su ejército prusiano. El nuevo plan de exterminio hubiese conmovido al mismo Hitler. Era sencillo y eficaz. A los soldados se les pagaba por cada par de testículos que traían.

Primero se les disparaba a los indios y cuando caían, ensangrentados y dolientes, les cortaban los testículos. De este modo los que no morían desangrados, al menos no podrían reproducirse. Todo, por supuesto, en nombre del progreso. El objetivo era claro, exterminar lo que de americana le quedaba a la Argentina para hacerla a imagen y semejanza de Europa. Para concretar este proyecto sólo les faltaba una cosa: europeos. Aquí comienzan la campañas propagandísticas de inmigración donde se le ofrecían trabajos rurales a los europeos que quisiesen venir a hacer la América en la Argentina. La inconmensurable genialidad de los unitarios no pudo, sin embargo prever, que los trabajos que les ofrecían a los europeos no existían aun y no existirían nunca. La consecuencia de esta pequeña imprevisión fue la creación de un gigantesco anillo de pobreza formado por millones de inmigrantes y gauchos al rededor de ciudad de Buenos Aires. Este es el contexto en el que surge, en los años '20, la figura de Roberto Arlt, el primer escritor capitalista que tuvo la Argentina.

Arlt no tenía institutrices inglesas, ni francesas, ni salteñas, ni nada. Apenas si sabía escribir y escribía mal. Artl escribía mal, porque no sabía y no quería escribir bien. Escribir bien era no escribir, no entender, no sentir, no vivir. Escribir bien era no ver la realidad de su época, era sepultarla bajo antiguas leyendas de olvidados cuchilleros e imposibles letrados. Escribir mal era burlar lo bueno, y lo bueno el progreso, el establishment, el lujo de las plutarquías ombliguistas era el silencio de los trabajadores fusilados en la Patagonia y en la Semana Trágica.

“Si hay extranjeros que abusando de la condescendencia social ultrajan el hogar de la patria, hay caballeros patriotas capaces de presentar su vida en holocausto contra la barbarie para salvar la civilización” decía Manuel Carlés, presidente vitalicio de la Liga Patriótica Argentina, en 1910 refiriéndose a los trabajadores inmigrantes que, según Sarmiento, iban a ser los forjadores de la civilización argentina. Si algo quedaba claro en las primeras décadas del S. XX era que todos hablaban de civilización y progreso, pero que nadie sabía bien qué cosa significaban estas palabras, excepto -quizás- Roberto Arlt.

Arlt nos invita a contemplar el confort y la cultura, el dinero y la seguridad, y nos lo muestra tal cual era para la gran mayoría de la población argentina, el sueño imposible y siempre al alcance de la mano de 'ser' alguien, de no ser un número, un cliente, un empleado, un inventor fracasado. La fortuna estaba a la vista de todos, pero detrás de una vidriera que sólo algunos podían atravesar.

Erdosain se imagina enamorando de una doncella que “será millonaria, pero yo diré Y todo es inútil, ¿sabe?, es inútil, porque estoy casado. Pero ella le ofrecerá una fortuna a Elsa para que se divorcie de mí, y luego nos casaremos, y en su yate nos iremos a Brasil”. El capitalismo como tierra de la fantasía, el lugar donde uno tiene todas las libertades salvo la de ejercer dichas libertades, el mundo que nos prometa que no hay cerradura que el dinero no pueda abrir. Pero para un trabajador cuyo mañana es la continuación del hoy y el hoy es la continuidad de una pobreza que nació con él, sólo se puede alcanzar el tótem sagrado del capitalismo mediante el crimen.

El dinero, el que desmasifica al hombre y lo convierte en sujeto, el escape de la clase proletaria, el ingreso al reino de la burguesía, condición sine qua non para poder 'ser'. Este tótem que pone al pobre contra el pobre, al oprimido contra sus semejantes, es el arma más eficiente del capitalismo, de la civilizada barbarie.

A Roberto Arlt no le interesó nunca explicar este mecanismo, porque eso hubiese sido caer en en un realismo socialista, como el de sus hermanos de Boedo. Su narrativa es mucho más efectiva y descarnada. Roberto Arlt no analiza ni explica qué cosa es el capitalismo, sino que pone sobre la mesa, como un cross a la mandíbula, su verdadera esencia y sus cruentas consecuencias sociales: la marginación, la alienación, la competencia, la explotación, la violencia, el individualismo, la plutarquía.

Mientras exista el capitalismo, la literatura desgarrada de Roberto Arlt será el único realismo realismo posible o, al menos, el único realismo honesto. Quién pretenda ser realista sin comprender cabalmente la sociedad en la que vive, será un escritor de fantasías, una espada decorosa sin mango ni filo. Mientras exista el capitalismo, Roberto Arlt seguirá siendo verdadero y actual, porque la miseria seguirá siendo la verdad y seguirá corriendo el tiempo hacia ningún lado.

jueves 19 de febrero de 2009

Operación masacre: Rodolfo Walsh, entre Daniel Hernández y el Profesor Neurus



Escribí este libro para que fuese publicado, para que actuara, no para que se incorporase al vasto número de ensoñaciones de ideólogos. Investigué y relaté estos hechos tremendos para darlos a conocer en forma más amplia, para que inspiren espanto, para que no puedan jamás volver a repetirse.

Rodolfo Walsh


Más allá del enfoque teórico que prefiramos hacer de Operación masacre, debemos anteponer, por respeto al autor y hasta por ética, las funciones concretas con que Walsh fue presentado este informe negro a lo largo de los años: la acción. Desde esta perspectiva (que se puede sostener desde el epígrafe en donde el que el verbo ‘actuara’ fue destacado en su versión original) parece pertinente recurrir a la Teoría de los Actos de Habla de Austin, más tarde reformulada por Serle.

Entonces, ¿qué es realizar un acto de habla? Modificar las ideas y, en consecuencia, la conducta de un otro mediante la emisión de sonidos que refieran a cosas y que prediquen acciones de ellas con una intención particular. ¿Dónde está el acto de emisión? En la publicación del texto. ¿A qué se refiere y qué predica? Los fusilamientos clandestinos en el basural de José León Suarez ¿Cuál es la intensión? Inspirar espanto y así evitar que estos hechos se repitan. Pero a esto volveremos más tarde.

Revisemos los años anteriores a la investigación que tendrá como resultado Operación Masacre. Rodolfo Walsh, hijo de irlandeses, cultivado en la lectura por su madre y luego traductor del inglés al castellano, trabajó como lavacopas, limpiavidrios y comerciante de antigüedades. Rodolfo era, por entonces, periodista, escritor de literatura policial y ajedrecista aficionado:

Su primer producción literaria se plasma en un volumen de relatos policiales, que obtiene el Premio Municipal de Literatura: Variaciones en Rojo; un homenaje al detective Holmes, su creador Doyle y la primera novela de éste: Estudio en escarlata. Se trata de tres nouvelles donde el protagonista, Daniel Hernández, es un detective aficionado, suerte de alter ego de Walsh con quien comparten el oficio de corrector de pruebas. Hernández es amigo del comisario Jiménez, a quien acompaña en los casos que se le plantea, resolviendo con ingenio los enigmas de cada uno de los crímenes. Esta pasión de Walsh por armar historias como si fueran partidas de ajedrez la abandonará cuando compruebe que la realidad misma es un juego mucho más amplio, complejo y peligroso, y se transforme él mismo en el investigador que debe develar misterios de odios, rencores y muertes. (Domínguez, I).

Por cierto, era apolítico, aunque pro-golpista y aniti-peronista, por lo menos, en el momento previo a Operación Masacre. Walsh dice en la “Introducción” de la primera edición (marzo de 1957):

Como periodista, no me interesa demasiado la política. Para mí fue una elección forzosa, aunque no me arrepiento de ella. (p. 148-149).

Recordemos que al momento de las investigaciones del ‘caso Livraga’ Walsh era un liberal que apoyaba a la derecha:

Al finalizar su adolescencia había tenido cierta simpatía con el peronismo, a través de la Alianza Libertadora Nacionalista, de donde le venía su amistad con el cura Castellani. Pero, como muchos pensadores de su tiempo, se transformó en un intelectual antiperonista, sin por ello enfrentar abiertamente el régimen, manteniendo su tendencia por el nacionalismo. (Domínguez, I).

Al comenzar el “Prólogo” de Operación masacre Walsh parece un personaje salido de un policial de enigma: un hombre que gusta del ajedrez y del arte, y que se distingue por su pura racionalidad. Y fue justamente así que mientras jugaba al ajedrez en un café de La Plata sucedió un hecho que le cambiaría la vida: alguien le habló de ‘un fusilado que vive’. Allí encontró la gran ocasión de convertirse en Daniel Hernández, el Sherlock Holmes que su pluma supo dibujar en sus primeros cuentos. Esa era, como decíamos, la gran ocasión de ser un detective de enigma capaz esclarecer racionalmente un misterioso caso y de narrarlo en una especie de ‘novela por entregas’, tal como un oficial de las fuerzas armadas clasificó el relato que Walsh le hizo más tarde de los hechos que Operación masacre narrará. Con ese fin comenzó una investigación periodística obsesiva, buscó testimonios, ubicó al ‘fusilado vivo’ y, luego, al resto de los sobrevivientes de los que él llamaría la ‘Operación masacre’.

Si bien Walsh en el comienzo se presenta como un detective de enigma, cuando entrevista a Livraga se produce en su interior una suerte de transformación extraña que lo hace devenir en un investigador de policial negro que comienza a imbuirse en las relaciones sociales, en el peligro, sirviéndose de su experiencia como su única guía. Así pasa del pulcro terreno de la lógica a la oscura realidad social que vivía en ese entonces el pueblo argentino. Según Viñas, Walsh va del ajedrez a la guerra, y en ese trayecto, el policial inglés se transforma en un híbrido policial negro que se escapa de sus propias páginas.

Las sucesivas investigaciones le fueron revelaron que no hubo en realidad fusilamientos en el basural de José León Suarez, sino el asesinato gratuito de cinco personas, un verdadero crimen de Estado. Y es esto lo que determina su apertura definitiva de la Revolución Libertadora. Dice en 1957:

Suspicacias que preveo me obligan a aclarar que no soy peronista, no lo he sido ni tengo la intención de serlo (…). Tampoco soy ya partidario de la revolución que –como tantos– creí libertadora. (p. 149).

Vemos aquí un primer cambio: el anti-peronismo se convirtió en no-peronismo y el pro-golpista se convirtió en no-pro-golpista.

A Rodolfo Walsh le había complacido que en el ’55 haya triunfado el golpe de Estado contra el presidente constitucional Juan Domingo Perón liderado por Lonardi y Rojas, ya que esto suponía que la autodenominada Revolución Libertadora dejaría lo bueno que hizo Perón y pondría fin a lo malo. Sin embargo, la blanda postura de Lonardi contra el peronismo llevó a que la oligarquía y otros sectores reaccionarios lo forzara a renunciar el año mismo del golpe militar. Fue entonces que Aramburu asumió el poder de facto. Con él la situación social sufrió un terrible retroceso, los representantes gremiales fueron encarcelados, asesinados o tuvieron que exiliarse, los sindicatos estaban intervenidos por los militares, la industria nacional devastada, los símbolos peronistas estaban prohibidos y el Partido Justicialista había comenzado a sufrir una proscripción que duraría dieciocho años. Aramburu, en nombre de la libertad, destrozó lo mejor del peronismo y empeoró lo peor, y así lo demuestra el descontento generalizado de la clase obrera y lo confirman los fusilamientos clandestinos en los que Walsh se sumergió por largo tiempo. La ‘novela por entregas’, aun en proceso, ya se estaba convirtiendo en una aguda denuncia social.

Los militares habían demostrado que no eran mejores que Perón y Rodolfo Walsh comenzó a entenderlo durante la entrevista que le realizó al Doctor Jorge Doglia. Éste había sido testigo de los ‘métodos’ policiales utilizados por la ‘Revolución Libertadora’, ‘métodos’ pavorosos cuyos blancos excedían los límites del peronismo. Según su testimonio los presos sin familia eran literalmente asesinados a golpe de azote, de alambre o de cachiporras por la policía bonaerense sin causas que superasen el robo menor. En otros casos, las detenciones no tenían más motivos que la indigencia de los detenidos que sufrían igual suerte que los carteristas (p. 153). Walsh dice, también en la “Introducción” de la primera edición (marzo de 1957):

Reitero que esta obra no persigue un objetivo político ni mucho menos pretende avivar odios completamente estériles. Persigue –una entre muchas– un objetivo social: el aniquilamiento a corto o largo plazo de los asesinos impunes, de los torturadores, de los ‘técnicos’ de la picana que permanecen a pesar de los cambios de gobierno, del hampa armada y uniformada. (p. 149-150).

Lo que Operación masacre no deja en claro es si realmente los protagonistas se habían reunido el 9 de Junio de ’56 en el departamento de Juan Carlos Torres con el fin de escuchar por la radio la pelea de boxeo de Lausse o si eso era sólo una pantalla y se habían reunido para escuchar, por Radio Nacional, noticias sobre el levantamiento militar peronista a cargo del General Valle y, en el caso de que tuviera éxito, marchar a Plaza de Mayo para pedir por la vuelta de Perón. Lo que el texto, sin dudas, deja claro es que los fusilamientos en el basural fueron un crimen contra la sociedad argentina:

Walsh, como Arlt, no sublimiza a la gente de pueblo. Para Walsh es como es y en tres líneas la retrata al hablarnos de un vecino, don Pedro: ‘Sus ideas son enteramente comunes, las ideas de la gente del pueblo; por lo general acertadas con respecto a las cosas concretas y tangibles, nebulosas o arbitrarias en otros terrenos’. Walsh no se hace ilusiones, los toma como son, pero no por eso hay que fusilarlos ni picanearlos. (Bayer).

En el “Epílogo” de la segunda edición (1964) Walsh deja claro que a esa altura el problema no puede ser entendido como un emergente social, sino como el resultado de un premeditado sistema político de represión violenta. Después de todo, el juicio iniciado de Livraga contra el Estado era, ante todo, un juicio justo:

(...) y ésta es otra de las fases de la monstruosidad jurídica convalidada por el fallo de la Corte y por el ‘juicio’ militar, que son piedras de un mismo camino porque en 1957 no hacía falta ser un genio para saber que el teniente coronel González no iba a encontrar culpable al teniente coronel Fernández Suárez.

Ésa, pues, es la mancha imborrable, que salpica por igual a un gobierno, a una justicia y a un ejército:

Que los detenidos de Florida fueron penados, y con la muerte, y sin juicio, y arrancándolos a los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa, y en virtud de una ley posterior al hecho de la causa, y hasta sin hecho y sin causa.

No habrá ya malabarismos capaces de borrar la terrible evidencia de que el gobierno de la revolución libertadora aplicó retroactivamente, a hombres detenidos el 9 de junio, una ley marcial promulgada el 10 de junio. Y eso no es fusilamiento. Es un asesinato. (p. 131).

Nuestro investigador reincidió en su tentativa de hacer juzgar el crimen durante el gobierno constitucional de Arturo Frondizi, pero tampoco fue oído:

Aramburu ascendió a Fernández Suárez; no rehabilitó a sus víctimas. Frondizi tuvo en sus manos un ejemplar dedicado de este libro: ascendió a Aramburu. Creo que después ya no me interesó. En 1957 dije con grandilocuencia: ‘Este caso está en pie, y seguirá en pie todo el tiempo que sea necesario, meses o años’. De esa frase culpable pido retractarme. Este caso ya no está en pie, es apenas un fragmento de historia, este caso está muerto. (p. 172).

Walsh sufrió la desconsideración de sus colegas, la prensa también le había dado la espalda. Los diarios habían escrito, tras el juicio, al dictado de Fernández Suarez (p. 154). La resolución del caso, entendía Walsh, es imposible a través de las vías legales y la denuncia social comenzó entonces a convertirse entonces en una lucha política.

Concentrémonos ahora en el aspecto textual. Domínguez en su valioso ensayo El caso Rodolfo Walsh: un clandestino señala que:

En realidad la presencia de Fernández Suárez se diluye aquella noche, se llega a sospechar que ‘usa’ el fusilamiento de los detenidos como para ‘blanquear’ su situación, que habría sido ambigua durante los primeros intentos revolucionarios. Próximo a Campo de Mayo, habría decidido arrestar a unos civiles y ‘guardarlos’ hasta ver lo que ocurría con el movimiento rebelde.

Esta sospecha, que presenta a los protagonistas como ‘pobres diablos’ ingenuos ante la sublevación de Valle, queda desmentida por otro dato que nos aporta el autor en el siguiente apartado:

[El juez Belisario Hueyo] Aunque no lo hace explícito, en el ’58 conocerá a otro personajes, el general Cuaranta, quien habría dado la orden de los fusilamientos al jefe de la policía Bonaerense.

Según esto, Fernández Suarez obedecería órdenes ‘de arriba’ por lo que quedaría exento de la responsabilidad de la sentencia, aunque, claro, bien podría haber ‘guardado’ a los futuros fusilados y, llegado el caso, haberle solicitado la orden al General Cuaranta. Aunque no podemos descartar por completo esta hipótesis, resulta demasiado inverosímil que dentro del verticalismo militar un subordinado ‘le de la orden’ a un superior de que éste le dé a su vez la orden de fusilar a unos ‘pobres diablos’, sin ninguna causa a un Comisario Inspector:

2.45. Rodríguez Moreno tiene un mal pálpito. ¿Porqué a él, justamente a él, tenían que caerle estos pobres diablos? Y sin embargo, hay como una misteriosa justificación, una fidelidad del destino en la misión que le va a tocar. (p. 60).

La sospecha de la ambigüedad política de Fernández Suarez parece, bajo la luz de estos datos, bastante difícil de fundamentar. En cualquier caso, ¿creía realmente el Estado de facto que los detenidos tenían alguna vinculación con la sublevación de Valle? ¿Los secuestraron y fusilaron para infundir el terror en el pueblo peronista? ¿Tenían los detenidos alguna vinculación con la sublevación de Valle? Walsh se cansó de decir en las dos primeras ediciones que a lo sumo alguno de los detenidos tenían una vaga idea. Las pruebas testimoniales de Operación masacre, sin embargo, no parecen sostener precisamente eso. Recordemos que de las 14 personas registradas que pasaron por el departamento de Florida que 8 eran peronistas revolucionarios seguros (Carranza, Garibotti, Rodríguez, Torres, Gavino, Lizaso, Troxler y ‘Marcelo’) y 1 (Di Chiano) era simpatizante; el resto eran apolíticos aunque amigos de peronistas: a Livraga lo llevó el ‘Gordo’ Rodríguez y a Giunta, lo invitó Di Chiano, a los otro dos (Brión y Benavidez) no queda claro quien los invitó. Pero, apunta Walsh, en el departamento de Torres siempre eran bienvenidos los amigos y los amigos de los amigos. Walsh, confirma esta hipótesis al presentar a Gavino con este monólogo interior directo:

“Ya no hay nada esta noche”, repite Norberto Gavino para sus adentros. Hace rato que la radio tendría que haber dado la noticia. Por un momento piensa que “Marcelo” tiene razón. Pero después se olvida. Si no hay nada, tampoco hay peligro para nadie. Muchos han venido simplemente de visita, gente a quien él ni conoce, sería ridículo decirles: “Váyanse, estoy por hacer una revolución".

Si podemos considerar a Operación masacre como una no fiction, es decir una narración novelada de hechos verídicos, es por el trabajo de selección que el autor hace de los datos presentados y sobre todo, el modo en que lo hace (qué prioriza, qué relega, cómo llena los vacíos, qué intención tiene el texto).

En un primer momento, Walsh quiere escribir una novela por entregas basada en hechos reales (como Juan Moreira de Gutiérrez, pongamos por caso), luego se decide por realizar una investigación periodística. Al terminar la primera edición (1957), Walsh manifiesta que ha narrado hechos con el fin de agitar las consciencias para que esos hechos no se repitan. El problema en ese momento, dijimos, era la corrupción del Estado que, en casos aislados, privó a algunos de sus ciudadanos de sus garantías individuales, por lo que el texto funciona como una denuncia social.

En 1964, Walsh renuncia a la posibilidad de hacer justicia mediante instituciones estatales intervenidas (‘este caso está muerto’ había escrito con una profunda resignación).

En 1969, la situación política ya era otra; aquí el texto adquiere su interés definitivo: mostrar cómo los gobiernos sostenidos por las plutarquías de terratenientes oligarcas convierten a los movimientos sociales en la carne masacrada del pueblo argentino y cómo violan cualquier tipo de libertad individual que pueda proyectarse hacia una auténtica libertad nacional, una libertad hecha por el pueblo y para el pueblo. No en vano "Retrato de la oligarquía dominante" cierra el epílogo de esta tercera edición.

La edición de 1972 es la definitiva, pues incluye el último apartado de la "Tercera parte" de Operación masacre, "Aramburu y el juicio histórico", el apéndice “Operación” en cine. Así entendemos que el foco de la denuncia se desplaza de Livraga, el ‘pobre diablo’ fusilado gratuitamente, a los muertos presentados en el film de Jorge Cedrón Operación masacre como los peronistas revolucionarios caídos en su lucha por una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Esta será la lucha que determinará los surgimientos de las organizaciones del peronismo revolucionario como las FAP (en donde Walsh iniciaría su militancia peronista), las FAR, Descamisados, Montoneros (que terminaría absorbiendo a las demás organizaciones). El ‘caso muerto’ tuvo finalmente una resolución: el juicio histórico a Aramburu. El pueblo argentino fue fiscal de este juicio y los montoneros fueron quienes aplicaron la sentencia.

La película Operación masacre fue filmada en la clandestinidad entre 1971 y 1972, y fue proyectada también clandestinamente ante, aproximadamente, un millón de personas en muchas villas de emergencia y barrios humildes. Con la vuelta del peronismo al poder con presidente Héctor Cámpora, el film abandonaría la clandestinidad y sería presentado en los cines de toda la Argentina. La película debe ser leída, por muchos motivos, como otra edición del libro paralela a la edición de 1972 ya que a un guión escrito por el mismo Walsh y por Jorge Cedrón se le sumaban los relatos y la actuación de Jorge Troxler, uno de los sobrevivientes a la masacre de José León Suarez. El film, que complementa el libro en su punto más pobre, el político, no nos permite la más mínima duda respecto del compromiso de casi todos los ‘fusilados’ con la causa de Valle y la revolución peronista.

Ahora sí, volvamos a los Actos de Habla. Como dijimos, hablar es hacer explícita una intención. Esa explicitud modifica, de hecho, la realidad. Recordemos que una frase ‘desafortunada’ de Marie Antoinette (“si el pueblo no tiene pan, que coma pasteles”) desató la revolución que daría pie al comienzo de la modernidad en 1789. Cuando Walsh realizó el acto de habla a que llamó Operación masacre aportó una pieza fundamenta para que empiece a fermentar la revolución peronista iniciada por los movimientos revolucionarios y concluida parcialmente con el asenso de Cámpora al poder. Pero como todo emisor es receptor de su propio discurso, Operación masacre también transformó a su autor, haciéndolo, primero, partícipe del gobierno revolucionario de Cuba, donde como criptógrafo, descifró, con una anticipación de seis meses, mensajes en los que se planeaba una invasión de ‘gusanos’ a Bahía de los cochinos, hecho que, quizás, haya salvado a la isla de una invasión contrarrevolucionaria preparada por la CIA. Y después de la fusión de las OAP (organizaciones armadas peronistas) participó en le inteligencia de Montoneros para preparar atentados y llegó también a saber, seis meses antes, que el 14 de marzo de 1976 los comandantes en jefe de las tres armas derrocarían al la presidente Isabel Martínez de Perón.

A modo de conclusión, podemos decir que Operación masacre puede ser el texto literario (es decir un tejido de signos que buscan producir un valor estético) que ‘le ganó de mano’ a A sangre fría de Truman Capote en la creación del género no fiction o que mejor recupera el estilo argumentativo del Facundo de Sarmiento, pero creemos que es ante, todo el resultado de una investigación periodística que cambiaría, primero, la vida del autor y, luego, la historia argentina del S. XX.

viernes 9 de enero de 2009

Manifestación empírica (el embrujo)

La vereda, sólo piedra
aunque brille, sólo agua
yo la piso, como siempre
y se borra mi pisada.

Anti-musa

El innato preguntar
me murmura, al transitar
por espacios demenciales
donde rezan mis vocales,
que nacieron con los soplos
que descalzan los otoños,
(me convidan convencidos
y me escupen el camino)

Mi sonido interrogante
se transforma en arrogante,
de tal forma que su duda
se insacula y se sortea
ritualiza la marea
de mezclar con otras tantas
para ver si su dilema
es real u hojarasca.

¿Cuál sería el embrujo
que me trae preocupado?
Comparar es lo más sano
si se trata de cuestiones,
es normal, hay a montones
todas falsas, todas ciertas
y aunque mueran de siniestras
de lo oscuro también nacen.

No es molestia que amenace
porque siempre está presente
es costumbre fehaciente
y no hay nada que lo apague,
sin embargo se apacigua,
y se envuelve en una seda,
que las musas adictivas
con caricias entreveran.

Concluyendo con mi ruego,
sin función, mas de informante:
el asunto de las dudas
y su enfrenta con mi fondo
es que ando en estos días
alejado de esas gotas
femeniles, embriagantes
y enfermizas a su modo.

sábado 22 de noviembre de 2008

La filosofía peroninja para pequeños saltamontoneros



I


Estando una vez Arbuto

con el magnánimo Josute,

cruzando los pies de ambos

las aguas del Nilo,

le dijo a Josute con severa paciencia:

“Del mismo modo Josute,

dador de vida,

peroncho arcano,

que cada pancho busca su mostaza

y el temprano clavel se viste de rocío

o será el hombre lo que deba ser

o no será peronista”.


II


Así habló Arbuto

y Josute mirolo pensativo.


III


Cuántas arduas tardes pasó Arbuto

esperando de Josute una respuesta.


IV


El tiempo retarda su paso

y aún no llega

el día en que las hojas secas

dibujan remolinos en el parque.


V


La luna ya había marcado

En el oscuro cielo

Cinco círculos de plata cristalina.


VI


Josute y Arbuto se encontraron nuevamente.


VII


Jugando al waterpolo en Villa Evita

abrazalo Josute con la diestra a Arbuto

y con la otra indicando la pileta

le dijo Josute a su dicípulo:


VIII


“El mundo, astuto Arbuto,

como esta piscina en dos se ha dividido:

por un lado están los peronistas,

por otro los recontra peronistas,

y, mirando desde afuera,

los que no saben

que lo son”.


IX


Vueltos ambos

cada cual a su cucha,

como dos karatekas peleando con la almohada

Josute y Arbuto piensan en Evita.


X


Quizás algo en el aire les dice

que están sintiendo lo mismo

o quizás el aire mismo piensa

que después de todo lo pasado

y después de todo lo que nos pisaron

la vida sólo sea

un mal sueño necesario

para que hayan podido existir,

para que aún puedan existir,

personas como Evita.


XI


Un nombre puede ser una bandera.

Evita sonríe.

sábado 4 de octubre de 2008

La verdadera historia de "Liebres de Marzo"

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Liebres de Marzo, como tal, nació en noviembre del 2007, aunque sería justo decir que el proyecto comenzó a hacerse sólido a mediados del año 2005, bajo otro nombre. La banda está formada por Ramiro Fernández (guitarra y voz) y Esteban Quirós (bajo) -quienes venían tocando en formaciones musical y psíquicamente inestables desde el 2002-, Pablo Lucero (teclados y voz) y Agustín Petrucci (batería). La formación actual ensaya y se realiza shows regularmente desde abril del 2007.
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El nombre hace referencia al personaje de Alicia en el país de las maravillas y también al dicho inglés ("Mad as a march hare", "Loco como liebre de marzo"), porque una cosa tiene que ver con la otra. El período de celo de las liebres en el hemisferio norte es en marzo. La elección de la Liebre de Marzo podría pensarse a partir de cierta locura y promiscuidad, no sólo musical, que la banda defiende y alienta.
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viernes 3 de octubre de 2008

Sin mí

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¿No te diste cuenta
de que soy lo que me das?
Un beso a la deriva,
un gesto de bondad.

¿No te diste cuenta?
Sos más que mi otra mitad.
Sin vos estoy vacío,
sin vos soy uno más.

No entiendo qué es esto, que soy tu tormento y no sos feliz.
Que no abrazo, que aprieto y que asfixio, que no te dejo vivir.

¿No te diste cuenta?
Necesito de tu fe.
Sin vos no tengo fuerza,
no me puedo sostener.

¿No te diste cuenta?
Sólo en vos puedo creer.
Sos mi única salida,
sin vos me voy a perder.

No entiendo qué es esto, que soy tu tormento y no sos feliz.
Que no abrazo, que aprieto y que asfixio, que no te dejo vivir.

¿A dónde vas sin mí?

¿No te diste cuenta?
No soporto el dolor.
Mis sueños son tus sueños…
No me dejes, por favor.

¿No te diste cuenta?
Algo se quiebra en tu voz.
No digas que es mentira:
te conozco bien, mi amor.

No entiendo qué es esto, que soy tu tormento y no sos feliz.
Que no abrazo, que aprieto y que asfixio, que no te dejo vivir.

¿A dónde vas sin mí?
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Prefiero verte encendida

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El silencio es la mejor melodía que te puedo cantar.
Una página en blanco son los versos que te quiero escribir.
Cuando los labios se transforman
en una inextinguible tormenta de húmedo fuego
una mirada es todo un mundo por descubrir.

Mujer,
prefiero verte encendida antes que verte dormida.
Con mi corazón entre tus labios
quiero que sigas brillando hasta el amanecer.

Una noche es todo lo que puedo darte de mí.
Mi vida es lo único que no te voy a ofrecer.
Cuando tus uñas surcan mi espalda
como terribles espinas de una rosa en celo
el dolor se vuelve una forma más de placer.

Mujer,
prefiero verte encendida antes que verte dormida.
Con mi corazón entre tus labios
quiero que sigas brillando hasta el amanecer.
.

Paula

.
Paula, soy yo el que te nombra,
me escondo en la sombra,
nadie me va a ver.

Cuida bien de nuestro hijo.
Tu viejo me dijo:
-Se llama Manuel.

Paula, no te desesperes,
no soy yo el que quiere
volver a escapar.

Pero no hay otro remedio,
los pibes del medio
me van a sacar

porque no hay alternativas
(la yuta está chiva
y me quiere limpiar)

Paula, por favor no llores,
todos mis errores
los pienso arreglar.

Claro que te amo, mi vida,
creéme la salida
es irme de acá.

Paula, no te decepciones,
no tengo opciones,
tenés que entender.

Cuando vuelva te prometo
cambiar por completo
y portarme bien.

Y, si me alcanza la guita,
compro una casita
pa’ nosotros tres.

Quedate tranquila,
nada me va a pasar…
La cana en el norte
no me va a buscar.

No te estoy mintiendo,
¡te juro por Dios
que todo lo que hago
lo hago por Manuel
y lo hago por vos!

Paula, no quise matarlo,
no pude pararlo,
no supe qué hacer.

Yo no soy un asesino,
no encuentro el camino
que hay que recorrer…

Me volví a perder.
.

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